Año nuevo, Rally Dakar nuevo. La prueba automovilística más exigente del mundo empezó el 1 de enero de este recién estrenado 2012 y continuará hasta el día 15 del mismo mes, atravesando los solitarios parajes del altiplano andino para llegar, los más valientes y afortunados, hasta la ciudad peruana de Lima.
Cerca de 800 pilotos han iniciado la competición que atraviesa los desiertos de Atacama y Nazca al amparo de su vehículo y poco más. Las desavenencias que se encuentran los participantes, que cerca del 80% son amateurs, son tan extremas que pueden llegar a ser mortales. La preparación para tal evento es siempre insuficiente porque el desierto no perdona ninguna imprudencia y, algunos, necesitan endeudarse en vida para participar en la carrera, asumiendo el riesgo de vivir una situación extrema.
Hace poco recibimos la triste noticia del fallecimiento del piloto argentino Jorge Martínez Boero. Su historia recuerda a la de aquellos valientes que necesitan ponerse a prueba, que necesitan observar su cuerpo al límite para demostrar su fuerza interior. Pero quien juega con fuego corre el riesgo de quemarse, y ese riesgo es muy atractivo para muchos. Boero es el último de una larga lista de fallecidos que, directa o indirectamente, se cobra el funesto Dakar, la prueba más exigente del mundo.
Este evento es muy seguido por los aficionados del mundo del motor y de las aventuras, siendo escaparate para las marcas automovilísticas que muestran sus coches más resistentes, pero todos aquellos participantes que no gozan de un patrocinador o que precisan de vender su casa, como Boero, para poder participar, se quedan en el anonimato. Muchos seguidores se preguntan si merecen la pena todas estas penurias. Los que lo han probado sólo se limitan a intentar repetir la experiencia.
Riesgo o seguridad. La eterna lucha de los deportes extremos. La necesidad de comprobar cuál es el auténtico límite de nuestro cuerpo nos lleva a acercarnos peligrosamente a esa línea en donde lo inseguro se cruza con lo mortal. Pero los valientes no entienden de seguridad, el riesgo fluye por sus venas. Y quien no arriesga, no gana. En el Dakar ese riesgo conlleva la vida. Encomendémonos a la benevolencia del desierto.
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